Casi todas las malas experiencias al cambiar de pienso no son culpa del pienso nuevo: son culpa de la prisa. El aparato digestivo de un perro necesita unos días para adaptar su flora a una receta distinta, y ese proceso tiene un calendario bastante conocido.
El calendario de los 7 días, mezclando el nuevo con el de siempre en el mismo cuenco:
- Días 1 y 2: 25 % de pienso nuevo y 75 % del antiguo.
- Días 3 y 4: mitad y mitad.
- Días 5 y 6: 75 % de pienso nuevo y 25 % del antiguo.
- Día 7: 100 % de pienso nuevo.
Con perros de digestión delicada, mayores o que vienen de un pienso muy distinto, estira ese mismo calendario a diez o doce días. Nunca al revés.
Los tres errores que lo estropean casi siempre:
- Cambiar de golpe porque se ha acabado el saco anterior. Por eso conviene pedir el nuevo cuando aún te queda una semana del viejo, no cuando ves el fondo.
- Cambiar la cantidad a la vez que la receta. Un cambio cada vez: primero la receta, y cuando lleve dos semanas estable, ajustas la ración si hace falta.
- Sumar novedades en la misma semana: snacks nuevos, un topper, un suplemento. Si algo le sienta mal, no vas a saber qué ha sido.
Qué es normal y qué no: heces algo más blandas los dos o tres primeros días, o que beba un poco más, entra dentro de lo esperable. Diarrea franca, vómitos o que deje de comer, no: ahí se para la transición, se vuelve al pienso anterior y se consulta con el veterinario.
Si tienes pensado cambiarle la receta, este es buen momento: la vuelta a la rutina de septiembre, con horarios estables y menos calor, es la semana más fácil del año para hacerlo.
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