Una etiqueta de pienso se puede leer entera en menos de un minuto si sabes por dónde empezar. No hace falta ser nutricionista: hace falta saber qué cuatro palabras significan otra cosa de lo que parece.
- «Subproductos animales». No es carne. Es lo que queda después de separar la carne: puede ir desde vísceras aprovechables hasta partes de muy poco valor nutricional. El problema es que la etiqueta no te dice cuál de las dos cosas es.
- «Carne fresca 40 %». Suena a muchísimo, y lo es... antes de cocinar. La carne fresca es en torno a tres cuartas partes agua, y esa agua se evapora en el horno. Ese 40 % del saco cerrado es bastante menos en el pienso que cae en el cuenco.
- «Derivados de origen vegetal». El mismo truco que con los subproductos, pero con cereales y harinas baratas: sirven para rellenar y para que el análisis cuadre, no para alimentarle mejor.
- «Aromas» o «apetecibles». Cuando el ingrediente es bueno, no hace falta añadirle aroma para que se lo coma. Se añaden precisamente cuando la base no resulta apetecible por sí misma.
El truco que vale para todas las etiquetas: los ingredientes van por orden de peso, de mayor a menor. Lee solo los tres primeros. Si en esos tres no hay una fuente de proteína clara y con nombre propio (salmón, pollo, insecto), el resto de la etiqueta da igual.
Ese es el motivo por el que en Togo las recetas se escriben con nombres y apellidos. Cuando el primer ingrediente tiene nombre, no hace falta explicar el resto.
Coge el saco que tienes en casa ahora mismo, dale la vuelta y lee los tres primeros ingredientes. Es un minuto y te dice más que cualquier anuncio.
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Tres etiquetas para practicar lo que acabas de leer, con la proteína nombrada y sin cereales.
- Bioprotein, con proteína de insecto
- Veggie, a base de frutas y verduras
- Salmón Natural Hipoalergénico
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