La forma más honesta de saber si un pienso le sienta bien no está en la etiqueta ni en la publicidad. Está en el paseo de cada mañana, y solo hay que saber mirar cuatro cosas.
- Forma. Firmes y con forma, que se recojan de una pieza y no dejen rastro. Si se deshacen al cogerlas, algo de la dieta no está encajando.
- Color. Marrón chocolate uniforme. Muy oscuras, muy claras, grises o con moco no son normales y merecen consulta con el veterinario.
- Frecuencia. Entre una y tres veces al día, más o menos a la misma hora. Un intestino que funciona es un intestino previsible.
- Volumen. Este es el que casi nadie mira, y es el que más dice del pienso.
Por qué importa el volumen: si le das la cantidad que toca y aún así hace mucha, suele significar que buena parte del saco no se aprovecha y sale tal cual. Menos volumen, con el mismo peso de comida, es normalmente señal de que está absorbiendo mejor lo que come.
¿Cuándo hay que hacer algo? Un día suelto raro no significa nada: un cambio de agua, una carrera de más o algo que ha cogido del suelo lo explican casi siempre. Lo que sí merece atención es que dos o más de esas cuatro señales fallen más de una semana seguida, sobre todo si además se rasca, tiene gases o el pelo está apagado.
En ese caso el orden sensato es: primero descartar con tu veterinario que haya algo más, y después revisar la receta. Muchas digestiones flojas se ordenan solas cuando se quitan los cereales y los ingredientes que no aportan nada.
Las recetas de Togo se pueden leer enteras y entender sin traducción: hipoalergénicas, sin cereales y con la lista de ingredientes a la vista. Si crees que lo que come ahora no le está sentando bien, empieza por ahí.
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